sábado, 7 de enero de 2012

LA MUSICOTERAPIA INCIDE EN LA MEJORÍA DE DIVERSOS SÍNDROMES Y PATOLOGÍAS



Un estudio publicado en Revista de Neurología indica que, según define la World Federation of Music Therapy, la musicoterapia (uso de la música como elemento terapéutico para diversas enfermedades y síndromes) incide en la mejoría de factores tanto psíquicos como físicos de los pacientes. Su poder reside en elementos tan importantes como la estimulación sensitiva para distraer o activar la mente, la capacidad de cambiar ciertas emociones, la amplificación de la capacidad de memoria al implicar funciones cognitivas, la posibilidad de provocar movimientos del cuerpo de manera inconsciente (muy interesantes en determinados procesos de rehabilitación) y la posibilidad de iniciar procesos de comunicación no verbales.


Actualmente, la musicoterapia se utiliza en pacientes con demencia, estrés, ansiedad, depresión, esquizofrenia, afasia, autismo o daño cerebral, y, aunque no en todos los casos hay estudios científicos suficientemente contrastados para demostrar su efectividad, la práctica diaria evidencia que los pacientes obtienen mejorías conductuales en cada una de estas patologías.




Soria-Urios G, Duque P, García-Moreno JM


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Estefanía expía la pesadilla de la anorexia a través de un libro

CONTRA EL INFIERNO DE LA ANOREXIA Y LA BULIMIA

Estefanía Hernández Méndez, con 20 años, ha plasmado en su libro "Dafne coronada de laureles", su terrible experiencia con las enfermedades derivadas de los trastornos alimenticios, para las que reclama más recursos sanitarios.

“Te destrozan, física y psicológicamente. La anorexia y la bulimia te destrozan: sin amigos, sin estudios, sin novio, solo te queda la familia, que también se cansa”. Del infierno de las enfermedades derivadas de los trastornos alimentarios habla Estefanía Hernández Méndez con la entereza que confiere haberlas sufrido desde que tenía ocho años. 


Contra la tentación de dejar de comer, «que empieza como un juego y termina como una pesadilla», avisa Estefanía en su libro Dafne coronada de laureles, editado por Cultivalibros y que se vende en las librerías a  12 euros. Primero estuvo trabajando para pagar la impresión, pero ahora está en paro.


Con 8 años quería ser como las niñas delgadas de su clase. A esa edad tan temprana, dejó de comer, aunque la fase más profunda de la anorexia la alcanzó con 11 años. Con 1.64 de estatura, llegó a pesar 42 kilos. A los 17 años ingresó en un centro especializado de Barcelona donde dos de sus compañeras «no resistieron».


La muerte de las dos amigas la marcó y le dio fuerzas para emprender, una vez más pero de forma definitiva, la enfermedad. «Me dije: vale, no seré capaz de engordar todo lo que quisiera, pero sí de vivir y de resistir». Y lo está haciendo. Pesa -esa terrible palabra- 50 kilos y lleva ¡una semana! sin vomitar.  Porque Estefanía se encuentra ahora en la fase de la otra enfermedad, de la bulimia. En medio, escribir el libro, expiar su propia corona de laureles que es la enfermedad, ser una Dafne atrapada por las flechas de los trastornos alimenticios, le ha dado fuerzas. «Si he sido capaz de escribir mi experiencia, también de salir de la anorexia y la bulimia».


Con la misma entereza y concisión define sus dos pesadillas. «La anorexia se ve más, está a la vista de los demás si estás desnutrida o no. La bulimia no la ve casi nadie y puedes tener bulimia y sobrepeso». En cualquiera de las dos, hasta las palabras de ánimos de los conocidos duelen: «te dicen lo bonita que estás, pero te mata por dentro».




jueves, 15 de diciembre de 2011

Las metanfetaminas pueden facilitar el desarrollo de la esquizofrenia


METANFETAMINA Y ESQUIZOFRENIA


Un estudio, publicado en la revista American Journal of Psychiatry, muestra que los sujetos sin antecedentes de trastornos psiquiátricos que consumen metanfetamina presentan una probabilidad nueve veces mayor de ser diagnosticados posteriormente de esquizofrenia, frente a quellas personas que no consumen esta droga. Este riesgo también es casi de 1,5 a 3 veces mayor en comparación con los grandes consumidores de cocaína y opiáceos, aunque no de aquéllos que consumen cannabis.

Los investigadores evaluaron los registros del hospital de California de pacientes adultos ingresados entre 1990 y 2000 por su dependencia o abuso de metanfetaminas, cannabis, alcohol, cocaína u opioides, y los compararon con los registros de un grupo de  pacientes con apendicitis que no consumían ningún tipo de droga. Los resultados mostraron que el grupo de grandes consumidores de metanfetamina tuvieron un riesgo significativamente más alto para un diagnóstico de esquizofrenia que el grupo control.



[Am J Psychiatry 2011]
Callaghan RC, Cunnigham JK, Allebeck P, Arenovich T, Sajeev G, Remington G, et al.

viernes, 25 de noviembre de 2011

SÍNDROME DE BURNOUT (o DESGASTE PROFESIONAL)

1. DEFINICIÓN DE BURNOUT

Si bien no existe una definición unánimemente aceptada del Desgaste Profesional o “burnout”, si existe consenso en considerarlo como una respuesta al estrés laboral crónico con connotaciones negativas para el individuo y organización que lo padece. Una de las definiciones más utilizadas para describir el “Burnout” es la de Maslach y Jackson mediante el cuestionario “Maslach Burnout Inventory” (MBI) que caracteriza al síndrome por agotamiento emocional o pérdida de recursos emocionales para enfrentarse al trabajo, despersonalización o desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad y cinismo hacia los receptores del servicio prestado y falta de realización personal, o tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa, con sentimientos y apreciaciones de baja autoestima profesional. Los tres factores del síndrome se presentan con mayor claridad en profesionales que trabajan en labores asistenciales con personas.

2. CARACTERÍSTICAS GENERALES
  •  Aparece de forma continua y fluctuante en el tiempo. Se debe tener en cuenta que la intensidad del síndrome puede variar en la misma persona en función del momento y la circunstancia.
  • Negación: Las personas que padecen este síndrome suelen tener tendencia a negarlo porque en ocasiones puede ser interpretado como una experiencia de fracaso profesional y personal. Los compañeros son los primeros que lo notan y esto es muy importante para un diagnóstico precoz.
  • Fase irreversible: entre el 5 y el 10% de los casos el síndrome resulta irreversible y actualmente la única solución es la retirada de los cuidados asistenciales. En relación a este punto es importante realizar un diagnóstico precoz y un adecuado programa preventivo que pueda evitar esta situación de irreversibilidad.

3. FACTORES DESENCADENANTES

Dentro de las principales causas del síndrome de “burnout”, citamos las siguientes:
  • Edad: Parece existir un periodo donde el profesional es más vulnerable al “burnout” y coincide con los primeros años de la carrera profesional, debido a que en este periodo se produce la transición en las expectativas idealistas del profesional, dándose una situación donde las recompensas personales, profesionales y económicas, no son las esperadas.
  • Sexo: Parece existir una mayor vulnerabilidad en las mujeres, en este caso, por la doble carga de trabajo que conlleva la práctica profesional y las tareas familiares.
  • Estado Civil: Parece no existir un acuerdo claro en afirmar que las personas que no tienen pareja tienen más facilidad para tener “burnout”. Es posible que las personas solteras tengan más cansancio emocional, menor realización personal y mayor despersonalización que aquellas que están casadas o conviven con una pareja estable.
  • Apoyo social: Parece evidenciarse que aquellas personas con mayor apoyo social muestran una tendencia menor a tener “burnout” debido fundamentalmente al papel moderador de esta variable en los niveles de estrés.
  • Relación esfuerzos-recompensas: En cuanto a otro aspecto de las relaciones sociales, el balance de los esfuerzos realizados en el trabajo y las recompensas obtenidas parecen condicionar la probabilidad de aparición de situaciones de estrés y manifestaciones de “burnout”.
  • Turnicidad Laboral: No existe unanimidad en considerar que la falta de horarios laborares fijos así como las guardias y desempeño laboral en horario de noche, parece favorecer el desarrollo de este síndrome.
  • Antigüedad Profesional: No existe un acuerdo claro en considerar a partir de qué años de antigüedad existe mayor vulnerabilidad a padecer este síndrome Parece evidenciarse una ligera tendencia a establecer dos periodos favorecedores en el desarrollo del “burnout”: los dos primeros años de carrera profesional y profesionales con más de 10 años de antigüedad.
  • Sobrecarga Laboral: En este caso si parece existir una relación significativa entre sobrecarga laboral y el “burnout”, ya que esta situación produciría una disminución en la calidad asistencial, favorecedora de un mayor estrés y situaciones de mayor tensión profesional.
  • Malas relaciones profesional-paciente e interprofesional: Efectivamente la "mala  comunicación" que se puede crear dentro de un contexto laboral puede influir en gran medida y más aún con el paso del tiempo, en el desarrollo de una situación de “quemado/a” entre los profesionales que forman parte de un determinado equipo o “familia” profesional.

Respecto a este último punto conviene reparar en que son cada vez más las profesiones donde se desarrollan conductas disfuncionales entre los miembros que pertenecen al mismo entorno laboral, así como entre el profesional y el usuario, el cual impone demandas, tareas y habilidades específicas.

El trabajo y la relación profesional con pacientes que padecen enfermedades agudas y crónicas, puede favorecer en los profesionales que trabajan en labores asistenciales, la continua confrontación con numerosas situaciones estresantes y de difícil solución. En este sentido, se pueden establecer relaciones disfuncionales entre el paciente y el profesional que conllevan, en no pocas ocasiones, situaciones de estrés asistencial. Esta situación, a su vez, puede favorecer un desempeño profesional inadecuado.

El estudio de las profesiones asistenciales y, de modo muy particular las profesiones de la salud, han revelado que la mala comunicación entre miembros que forman parte del mismo equipo multi/interdisciplinar, la falta de una relación cordial entre usuario-sanitario y las altas demandas del trabajo, generan no sólo un cuadro general de tensión emocional que tiende a generar malestar subjetivo y a expresarse en síntomas somáticos; sino un síndrome que transcurre y se instala por etapas, generando una situación de estrés laboral crónico con connotaciones negativas para el individuo. Este conjunto de síntomas que padecen determinados profesionales se puede denominar "síndrome de Burnout".

jueves, 17 de noviembre de 2011

ALCOHOLISMO (II)

¿CÓMO TRATAR LA INTOXICACIÓN AGUDA?

En general, no suele requerir de cuidados médicos ni medicación, porque la buena  metabolización del alcohol no exige mayores atenciones. En ocasiones es necesario un abordaje más activo, sobre todo cuando existe una disminución del nivel de conciencia, agitación psicomotriz, incoherencia o conductas auto y heteroagresivas.

Para la sedación se recomienda el empleo de neurolépticos vía intramuscular (Haloperidol 5 mg o levomepromacina 25 mg) que se asociarán a medidas de control y soporte, siendo en muchas ocasiones precisa la contención mecánica. Estas dosis pueden repetir a los 30 minutos si el paciente continúa agitado.

Ante un paciente comatoso debe plantearse el diagnóstico toxicológico (las alcoholemias superiores a 4 grs. en adultos o 3 grs. en niños pueden ser mortales) y descartar la intoxicación por más de una sustancia, descartar patología neurológica e investigar posibles traumatismos, vigilar la hipoglucemia, la posibilidad de depresión respiratoria o aspiración, la hipotensión, la hipotermia, la acidosis y la hiperpotasemia. Nunca debería ser dado de alta un paciente con síntomas de intoxicación.


¿CÓMO TRATAR EL SÍNDROME DE ABSTINENCIA?

La abstinencia alcohólica empieza tras unas horas después de la interrupción o la reducción del consumo alcohólico intenso y prolongado. Se instaura progresivamente un temblor grosero, de frecuencia rápida, que empeora con la actividad motora o el estrés, cuando el paciente extiende las manos o saca la lengua. Otros signos frecuentes son la presencia de sudoración, taquicardia, hipertensión, irritabilidad, nauseas, cefalea e insomnio. Los síntomas máximos ocurren entre las 24 y 48 horas después del último consumo de alcohol, y casi siempre desaparecen a los 7 días, incluso sin tratamiento, aunque pueden persistir alteraciones del humor y la presencia de insomnio.

Si no se actúa sobre este cuadro puede aparecer el delirium tremens en el que existe una marcada hiperactividad autónoma asociada a fenómenos alucinatorios vívidos (insectos o animales pequeños), terror y agitación intensa. Es frecuente la presencia de fiebre y de convulsiones. El delirium tremens es una urgencia médica que precisa derivación y tratamiento urgente.

En el tratamiento del síndrome de abstinencia es preciso la intervención precoz con fármacos sustitutivos, que presentan tolerancia cruzada con el alcohol. La dosis recomendable dependerá de la sintomatología y su grado de control.

ASPECTOS BÁSICOS A TENER EN CUENTA:
  • Todos los pacientes deben tratarse con 50 mgrs. de Tiamina intramuscular, que puede continuarse con 100 mgrs. diarios de Tiamina oral, 1 mg diario de Ácido fólico, ingesta de abundantes líquidos y consejo nutricional.
  • En casos muy leves puede no necesitarse más tratamiento, aunque es necesario hacer un seguimiento diario del paciente.
  • A la hora de prescribir fármacos debemos tener en cuenta, especialmente ante pacientes no conocidos, que es frecuente el consumo de múltiples sustancias.
  • Clordiacepóxido: 10-50 mgrs./  día/ en 3 tomas durante 6-7 días disminuyendo 5 mgrs./ día según evolución clínica en el tratamiento ambulatorio hasta un periodo de 20-30 días [A·]
  • Clometiazol se usa con frecuencia en el síndrome de abstinencia leve [C·]. Existen pocos estudios sobre él, tiene un menor margen de seguridad que las benzodiazepinas, se asocia a mayor riesgo de dependencia y no debe prescribirse nunca a pacientes que continúen bebiendo.